Puedo pelear esta batalla sentada
No sé si por médica o por hipocondríaca, pero nunca di por sentado la salud; seguro por lo segundo. No es que cada mañana agradezca a la vida; lamentablemente no soy ese tipo de persona, pero trabajo rodeada de enfermedad. Eso me da algo de perspectiva sobre lo que sucede cuando el cuerpo no acompaña.
A muchas personas la ansiedad se les escapa del cuerpo: necesitan salir corriendo, tienen palpitaciones, inquietud. En mi caso, se desatan una serie de pensamientos trágicos que se suceden sin argumento, como en una película de bajo presupuesto. Una secuencia de escenas catastróficas que dan unas ganas bárbaras de que venga el Bruce Willis de Duro de matar (la primera) y me rescate de mí misma.
Cuando era chica, mi papá y yo mirábamos películas de acción a la noche. Pasó por su fase Depredador 1, Karate Kid, Fuego contra fuego, un amor profundo por Rescatando al soldado Ryan, muchas películas con ninjas, Corazón valiente, Fuimos soldados y El último samurái, entre muchas otras.
En esa etapa de la vida, me hacía sentir ligera destruir a un enemigo obvio. Ver volar brazos, piernas, piñas. Combatir a los malos, salir ganando. Saber contra quién peleo. Después una crece y las batallas son más largas, más confusas; los límites de la acción son poco claros. No se sabe de dónde están atacando y, lo que más miedo da, rara vez sabemos cuándo estamos a salvo.
Siempre me llama la atención que la palabra ilusión se utilice como esperanza, pero también como espejismo. A veces siento que me puedo salvar de todo y otras dejo que avance la nada porque no puedo ni siquiera respirar. Con el tiempo aprendí a esperar, intento ser paciente cuando no sé qué hacer y enfocarme en cómo me quiero sentir. Hoy, por ejemplo, me quiero sentir bien.
El cuerpo puede no funcionar, envejecer, alejarnos de la funcionalidad. Es un artefacto extraño, el cuerpo, digo. Puede contener y, a la vez, también ser un límite. Mi psicóloga siempre dice que hay más cosas que un cuerpo puede hacer, además de enfermar. Me gusta esa idea. Pienso en ese poema hermoso de Martina Cruz, que dice:
no quiero
escribir solo
cuando estoy desesperada
no quiero que vivir
sea mi proyecto violento
quiero salvarme
de una vez
quiero salvarme
de lo que hago conmigo
cuando estoy herida