Estoy hecha para la pavada
Mis amigas y yo estamos viendo la serie "El verano en que me enamoré". Quédense tranqui que no voy a hablar de la serie, sino del fenómeno. La idea es tan absurda como sencilla: dos hermanos enamorados de la misma chica, su amiga de la infancia. En esta última temporada, que es la última para siempre y menos mal, porque si hay algo que el mundo no necesita son más temporadas de este triángulo amoroso, nuestra protagonista va a elegir. Es el momento “voten bien” de Belly, la chica en cuestión. Esto se suma al hecho de que estrenan un solo capítulo por semana, por lo que hace dos meses que estamos viviendo esto juntas. Mis amigas y yo, digo.
Hubo una época donde me avergonzaban mis consumos culturales, audiovisuales, musicales. Me gustan muchas cosas, las que tienen buena prensa y te hacen sentir culta, como decir que leíste algún libro de Borges en una fiesta, y otras más polémicas. Como las comedias románticas, las Spice Girls o cualquier película en la que aparezca Paul Mescal. Hubo un tiempo donde creí que mi mundo interior no era suficiente. Ahí entran mis amigas.
Mi psicóloga lo llama "hacer lazo": que tu mundo interno entre en comunicación con el mundo interno de otra persona. Eso me pasó con mi amiga Nani, a veces la nombro Daniela para que parezca más importante. Ella me obligó a leer "Un cuarto propio" de Virginia Woolf y me habló de Samanta Schweblin mucho antes que cualquiera, pero también me dijo: "La única secta a la que quiero pertenecer es Taylor Swift". Eso hacen mis amigas por mí, que me quiera.
Eso pensé en esa escena de la serie "Too Much" en Netflix, en la que la protagonista está cantando Miley Cyrus a los gritos, feliz, y su novio se burla con crueldad de sus gustos. Ella le recrimina: "No me hagas sentir estúpida por amar cosas". Bueno, mis amigas son eso. La estampita que me recuerda que no soy estúpida por amar cosas.
Cuando las chicas y yo vemos "El verano en que me enamoré", un ritual que se repite cada semana con debates y memes, una se sabe parte de algo. Como eso que dice Babasonicos en la canción "Vampi": "Cada historia tiene un dónde y yo quiero recordarlo siempre. Algo de eso que sentimos me quiero llevar”. ¿A dónde vas a ir sin eso?, pienso. Sin la oportunidad de hacer un fuego y verlo arder rodeado de amigas.